Dirección: Christian Klandt / 2018 / Duración: 114 minutos / Protagonistas: Luise Hayer (Lene) / Michael Klammer (Kilian) / Klaus Manchen (Klaus, el jefe) / Productor: Martin Lischke / Sin restricción de edad

Es el primer día de trabajo de Lene en el Jazz-Blues-Bar, en el que ya había trabajado anteriormente, tras haberse tomado una larga pausa profesional. Pasan por aquí proveedores, músicos, amigos y conocidos igual que la ilustre clientela fija y por la noche toca el músico danés Leif (alias Poorboy). Una declaración de amor al microcosmo de un bar, a sus historias y personajes. Todo rodado desde la mesa de al lado.


Subobjekt Leif in Concert
© Mike Auerbach


Un bar es un lugar especial: Lene se había tomado una pausa, pero ha vuelto a su puesto detrás de la barra del Jazz-Blues-Bar, igual que antes. Para esta tarde especial ha contratado al músico danés Leif (alias Poorboy) que entretanto había conocido. Durante el día pasan por el bar proveedores, otros músicos para ensayar, amigos y conocidos acuden al local igual que la clientela fija exclusiva como el batería de la banda Die Ärzte Bela B. Felsenheimer, Tilo Prückner, Jule Böwe y el biólogo criminalista y animador educativo Dr. Mark Benecke. Las grotescas historias y conversaciones alrededor del bar tratan del pop de elfos, móviles invisibles o larvas que se alimentan de cadáveres; y nosotros podemos escucharlas desde la mesa de al lado en cierto sentido. Entre las once de la mañana y la una de la noche tiene lugar esta declaración de amor a los bares-bodega cargados de humo, a sus historias y personajes, no importa de qué tipo: para unos es como el salón de su casa, para los otros un escenario para todo tipo de actuaciones, un mundo propio independiente del mundo fuera del bar, un microcosmo y a la vez un universo; por eso es lógico que la película, a veces excelentemente improvisada, no salga de su lugar de rodaje poco iluminado para mantener la magia.

 
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